Te conocí cuando mi mundo giraba del revés, merced a
conexiones que alentaban conversaciones en busca de un menester en forma de
amor, escurriéndoseme las formas mientras fracasaba una y otra vez en el duro
juego de enamorar. Te conocí cuando mi cordura pedía cuerpo nuevo por creer que
esa era la culpa de tantas decepciones, cuando en el juego monitorizado en
realidad lo que menos se plantea es el físico, y lo que más se utiliza es el
intelecto. Te conocí cuando las musas de mi espíritu dejaron de lado mis
neuronas para buscar un nuevo agente del asegurado donde depositar las
simientes de su ingenio. Así me iba la vida, entre idas y venidas de corrientes
y parientes, hasta que un día tu simpatía llamó a mi puerta y sesgaste con tu guillotina
toda la parte negativa de mi vida, dando alas a mi dicha, permitiéndome de
nuevo sentir el fresco olor de la pasión por vivir, por sentir, por escribir,
por leer, por escuchar el leve vuelo de la mariposa, por dibujar tu rostro nada
más despertarme, por sentir tu respiración a mi lado, por querer calentar tus
pies en invierno, por sentir la dulzura de escuchar tu susurro en mi oído, porque
eres totalmente maravillosa, porque me importas mucho, por pensar en ti todos
los días, porque en definitiva, me estoy enamorando de ti, estrella polar que
guía mi sendero…
Antonio Jiménez

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