miércoles, 29 de octubre de 2014

La Ballade Des Gens Qui Sont Nes Quelque Part



Es verdad que son bonitos todos esos pueblecitos,
todas esas villas, esas aldeas, esos lugares, esas ciudades,
con sus castillos, sus iglesias, sus playas;
solo tienen un punto débil y es estar habitadas,
y es estar habitadas por gentes que miran
el resto con desprecio desde lo alto de sus murallas.
La raza de los patriotas, de portadores de estandartes,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio.

Malditos sean esos hijos de su madre patria
y empálense de una vez por todas en sus campanarios,
que os enseñan sus torres, sus museos, su ayuntamiento,
os enseñan su país natal hasta haceros bizquear.
Bien sean de París o de Roma o de Sète,
o del quinto pino o bien de Zanzíbar
o incluso de Moncuq, se jactan ¡carajo!
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio.

La arena en la que sus sensibles avestruces
hunden la cabeza, no la hay más fina,
y en cuanto al aire que emplean para llenar sus tripas,
sus pompas de jabón, es un soplo divino.
Y poco a poco he aquí que se convencen
de que hasta el estiércol hecho por sus caballos,
aunque sean de madera, da envidia a todo el mundo,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio.

No es un lugar común el de su nacimiento.
Compadecen de todo corazón a los pobres desgraciados,
los pequeños infelices que no tuvieron el regalo,
el regalo para el espíritu de ver la luz entre ellos.
Y cuando suena la alarma sobre su felicidad precaria
contra los extranjeros, todos más o menos bárbaros,
salen de su agujero para morir en guerra,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio.

Dios mío, que feliz sería la tierra de los hombres
si sobre ella no se encontrase esta raza incongruente,
esta raza inoportuna y que abunda por todas partes,
la raza de la gente del terruño, de la gente del lugar.
Qué hermosa sería la vida en todas las ocasiones
si no hubieses sacado de la nada a esos tontos,
prueba, quizás definitiva, de tu inexistencia:
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio,
los imbéciles felices de haber nacido en algún sitio.


Georges Brassen

No hay comentarios:

Publicar un comentario